El sabor de mis senos en tu labios,
lo sabés,
me colocan en estado febril
cuyo núcleo se encuentra allí abajo,
cálido y mojado.
El beso se encamina
al monte del deseo,
tu lengua encuentra la razón de su existencia
y sorbe hábilmente
todo el néctar de mi océano.
Los cuerpos son lava candente
de pasión exacerbada.
Naufragamos entre gemidos,
tibios suspiros
relamidos...
Que nos llevan imparables
a des
fa
lle
cer
...
14 comentarios
Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados
« Cándidos machismos | Inicio | Nos mudamos »

Las 16:18 horas y ya estoy como una moto por culpa de una de esas estúpidas conversaciones via msn-messenger con una de esas señoritas que jamás lograre ... (ejem, ejem). :S
Y luego, para rematar, a evocar imagenes contundentes gracias a su poemario erótico. xDDD
Ya ni en la oficina me libro de la presión de la lujuria y el deseo. xDDDD
Ay ps... ¡pobrecito! :P
;)
erotico! tangible!
clap! clap! clap!
una diosa de la palabra
He descubierto tu pagina gracias a erotismo de luxe, y la verdad es que me ha sorprendido. muy interesante, con un erotismo bien cuidado.
besos
Un gran blog! :D
me encantó!
*tira confeti*
que pasión!
Hola son muy excelentes tus infomaciones y deseo que me la envien frecuentemente.
gracias,besos
putaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa ! ! ! ! ! ! ! ! ! ! ! ! ! !
uyyyyy pero qué cochino! cómo andas tú leyendo estas porquerías! ni me quiero imaginar que otras cosas miras!!! anda... a otro lado a berrear, que hay cosas peores que esto! sope!
Gracias por tu comentario igualmente :))
¡Un respeto para las putas!
Cuando era niño las odiaba por causa de mi madre. Mi padre le fue infiel con algunas de ellas y esta buena mujer nunca las perdonó.
A mí me calentaba la cabeza a todas horas contándome las batallitas sexuales de mi progenitor y yo inocente de mí lo pagaba con las pobres putas.
Hoy me pregunto que culpa tenían ellas de que mi padre fuera un golfo, que tampoco digo yo que ser golfo sea algo tan malo. Pero que duda cabe que, uno debería ser fiel a sus compromisos.
De adolescente fui llevado por un adulto más golfo aún que mi lividinoso padre al barrio de las putas. Barrio chino le llamaban a ese lugar entonces y aún no sé porqué. El buen hombre quería que yo me hiciera adulto cabalgando entre las piernas de una buena moza. Pero no pude. Ni siquiera lo intenté. Pues había algo en aquel lugar que cambió mi visión de las putas para siempre.
Parecían ellas, como bocaditos exquisitos dispuestos a ser engullidos por aquellos babosos. Y al verlas tan bellas y tan sumisas y asustadas ante la mirada de los proxenetas las amé. Sí, las amé. Y odié a aquellos bastardos. De hecho, aún los odios.
Ya de adulto volvía a ese lugar para ver de descubrir que encontraba mi padre en aquellos sitios. Y entre con un par de ellas. Pero fui incapaz de consumar la faena. Porque aquellas mujeres me inspiraban algo extraño que impedía mi dsifrute. Aunque yo no sabía que era.
Hubo un tiempo que pensé que era asco. Traumatizado como estaba por la incontinencia verbal de mi progenitora. Pero no, no era eso. Y aunque tardé un tiempo en descubrirlo, hoy ya sé que cosa era lo que yo sentía.
Sí, ahora ya no tengo duda. ¡Era respeto! Respeto y ternura. Pues por alguna razón que todavía no acierto a comprender, esas mujeres me llegaron hondo. Dado que, de algún modo extraño para alguien tan joven como yo era entonces comprendí su drama y aprecié el valor de su trabajo.
Hoy maldigo a los jodidos bárbaros que se aprovechan de ellas. Y si en mi mano estuviera secaría hasta la raiz las manos que se alzan para golpearlas. Porque al contrario de lo que hiciera mi madre, que vertió en mí todo su rencor por el angaño de su consorte infiel, ellas, las putas, reparten placer y aguantan lo inaguantable para poder criar a su hijos y evitarles que sufran.
Las trabajadoras del sexo - yo nunca las llamo putas por respeto- cumplen con una misión casi sagrada: aliviar los ardores de los desequilibrados varones que se les acercan, por un precio que, a decir verdad, nunca es el justo. No, porque no hay dinero que pague lo que esas mujeres hacen.
¡Benditas putas! Yo las bendigo porque se lo merecen. Y puedo asegurar que, si la vida me hiciera la jugarreta de llevarse a mi amada esposa, antes que recurrir al psicólogo o al cura iría de putas. Aunque sólo fuera para charlar con ellas, abrazarlas y hacer una buena obra con un dinero que nadie mejor que ellas lo merecen. ¡Os quiero putas!
NO ES LO MISMO ARTE QUE HARTAR, NO ES LO MISMO SER QUE DEJARSE LLEVAR, NO ES LO MISMO SER QUE ESTAR. NO ES LO MISMO, NO ES LO MISMO...
wow!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
eso hace que me humedezca...........
que interesante esta esto que hoy encontre. Saludos desde Chicago Il.
Hermoso.