Hay que saber hallar
el contorno exacto
de la química,
detectar la mirada inquieta
de un culo desnudo
fuera de todo histeriqueo,
la piel que desprende feromonas
de hembra lambedora experta.
Hay que seducir a la mujer
desnudándola con palabras
que abran sus fauces
al hormigueo de los sexos.
Imaginarla primero
a consciencia desnuda
dueña del orgasmo universal
de tus fantasías,
y avanzarla,
capaz de provocarle
las ganas de orgías
con tu cuerpo,
que teme,
la rebelión de la luna...
Hay que entregarse al placer
de una dama
avezada en sentidos
de fresas y aceitunas,
tomarle los excesos
cuidadosamente;
mezclarlo con vinos espumantes,
salmón y uvas...
Hay que espesar la necesidad
de sus gozos
y burbujearse
en satisfacciones mutuas...
Hay que experimentar
bañarse en una mujer,
poniendo a prueba
de vez en cuando
la candidez de macho
dejando para otras oportunidades,
los cándidos machismos...